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porno para mujeres

¿Existe la pornografía feminista?

Según los datos de los últimos análisis, un tercio del tráfico que se genera en Internet  es pornografía. Con un solo clic, cualquier usuario de todas Cor, puede acceder a millones de vídeos pornográficos. Lógicamente, este tipo de contenidos suelen mostrar un tipo de sexo donde el principal objetivo es el placer y la eyaculación masculina. En ese contexto, la mujer se convierte únicamente en un objeto, un instrumento para propiciar ese objetivo. Por ello, cada vez existen más propuestas pornográficas donde las mujeres cobran mayor importancia.

Si nos vamos más allá de la pornografía más generalista y mayoritaria, existen alternativas cada vez más potentes que se alejan de la tradición y buscan reivindicar que la mujer tenga un papel sexual diferente al que estamos acostumbrados, en una relación de igualdad frente al hombre. Una de estas nuevas propuestas es la pornografía indie feminista, que creció a partir de los movimientos feministas en los Estados Unidos allá por la década de los 80.

Por entonces, se extendió la corriente crítica que dividió en dos bandos a las feministas norteamericanas en términos de pornografía: las que abogaban por que se prohibiera el porno, y las que reivindicaban el placer y la reapropiación de todo lo referente a lsexo. Las primeras, también conocidas como feministas antipornografia, conciben el porno como otro instrumento  de qye perpetúa la sensación de superioridad de los hombres sobre las mujeres. Las segundas, conocidas como feministas pro-sexo, piensan que si se cambia el concepto de la pornografía y se encamina hacia algo más feminista, puede incluso contribuir a la liberación sexual de la mujer. Para ellas, abolir el porno no es la solución, porque el placer femenino es igual de lícito que el masculino. Por eso, reivindican otro tipo de pornografía donde la sexualidad femenina también aparezca representada y el proceso de producción sea ético. Esta rama ha dado recientemente directoras y actrices tan conocidas en España (y Europa) como Amarna Miller o Erika Lust.

Con este tipo de cine adulto se intenta acabar con los tabúes de la sociedad y desmitificar las ideas sobre la pornografía tradicional. Uno de ellos es la masturbación, especialmente extendido entre las mujeres. Mientras que los hombres la conciben como una cosa natural, el sexo femenino a menudo percibe el autoplacer como algo privado o incluso pernicioso y reprobable. Por esta razón, mientras que el caso del hombre que no se masturba es insólito, hay muchas mujeres que no lo han probado nunca (o que al menos no lo confiesan). Esto puede deberse a prejuicios como creer que la masturbación es la sustitución del sexo en pareja cuando, en realidad, no es más que un ejercicio de autoconocimiento y autocomplacencia que nada tiene que ver con la relación con la pareja. Se defiende la necesidad de una didáctica del cuerpo femenino para que las mujeres conozcan y aprendan sobre cómo funciona su cuerpo y así disfrutar de una sexualidad plena. Este nuevo cine adulto también busca romper tabúes como el de la excitación. No hay nada de malo en reconocer que se consume porno, igual que otros géneros de cine, pero incluso metidos de lleno en el siglo XXI suele costar.

Además de la pornografía feminista, existen otras iniciativas que buscan normalizar el sexo y potenciar la sexualidad femenina. El porno tradicional suele tener un coste de producción mucho más bajo que los trabajos del nivel de Erika Lust. Estos exigen una inversión mayor y es más difícil rentabilizarlos, por lo que el usuario suele tener que pagar por verlos. Lo malo es que poca gente está dispuesta a pagar para disfrutar de una pornografía igualitaria y de calidad.

Sin embargo, todavía no hay bastante demanda de este cine feminista para que se asiente con bases sólidas en los circuitos comerciales. Si los hombres y las mujeres que quieren consumir este tipo de pornografía mostraran sus deseos de manera más abierta y estuvieran dispuestos a pagar, seguro que las productoras X invertirían más tiempo y recursos en estos proyectos. En una industria que mueve tanto dinero si no hay demanda no hay negocio. Además, existe un segundo problema. Los productos feministas que ofrecen una nueva visión de la pornografía no son muy conocidos ni fácilmente accesibles, de manera que si la gente no conoce estas alternativas, la demanda tampoco puede existir.

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