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Revolución sexual y la liberación sexual de la mujer

La igualdad entre sexos es algo a lo que aún no ha llegado nuestra sociedad actual. Es un hecho que los avances han sido muy importantes en las últimas décadas, y que en función de cada país y sus legislaciones, culturas y creencias, el respeto por las mujeres está más o menos presente. Pero lo que no podemos negar es que la mujer ha vivido, en los últimos años, una verdadera liberación sexual, una rotura completa con lo que antes se entendía o esperaba del papel de la mujer en la sociedad y es interesante ver como la sociedad avanza en materia de igualdad a la hora de considerar a las mujeres iguales que los hombres en muchos aspectos íntimos, como puede ser la sexualidad.

Cambio de paradigma

La revolución sexual tuvo lugar en la segunda mitad del siglo XX y vino a romper con todo lo establecido en la sociedad al respecto de la sexualidad humana. La sociedad entendió que el sexo no es algo malo, que disfrutar con ello no es un pecado y que no todo tiene que estar relacionado con el catolicismo. Con esa base, a partir de los años 50 y sobre todo a partir de los 60 y 70 la revolución sexual llegó a muchísimos países, sobre todo en países occidentales, que entendían que el sexo era algo bueno, positivo y disfrutable siempre que se llevara a cabo entre dos personas totalmente convencidas y conscientes de lo que están practicando.

Gracias a la revolución sexual también se cuestionó el papel de la mujer en el matrimonio, que hasta entonces siempre había tenido que ver con estar en casa, ser ama de casa, tener hijos y mantener la casa limpia y los niños alimentados mientras espera a que su marido llegue de trabajar. Con la revolución sexual quedó claro que las mujeres tienen tanto derecho como los hombres a trabajar, a vivir de lo suyo y contar con su propia independencia, porque no son peores que los hombres, son iguales. Eso implica un estilo de vida nuevo y, con ello, también la sexualidad, porque las mujeres se atreven a hablar de sexo más que nunca, sin tabúes, sin insultos ni prejuicios.

Porque en muchos casos las primeras enemigas de las mujeres son las propias mujeres, que dejadas llevar por la sociedad, etiquetan a las mujeres que llevan una vida sexual libre y sin ataduras con palabras nada agradables, fomentando un mundo en el que las mujeres solo pueden casarse con un hombre para ser felices mientras que un hombre que se acuesta con muchas mujeres diferentes es aplaudido por ello y es todo un campeón. De hecho, hay quiénes defienden incluso a los maridos que son infieles a sus mujeres con otras mujeres, prostitutas, o demás, justificándolo con el hecho de que llevan un estilo de vida muy estresante y buscan en esas mujeres lo que no les dan en casa. Por suerte, a través de los años, ese pensamiento ha ido cambiando y hoy podemos decir que todo eso queda un poco en el pasado, aunque siempre hay resquicios de machismo en todo el mundo.

Un ejemplo que nos demuestra que todo ha cambiado ha sido la forma en la que las mujeres de hoy ven la sexualidad: la llegada de los tupper sex, del porno para mujeres o de las sex shop con un toque más amable, menos sórdido y pensado para que las parejas lo disfruten juntos ha demostrado que las mujeres viven el sexo con la misma pasión que los hombres y no deben sentirse avergonzadas de ellos. Es importante hablar de sexo, con quién se quiera, y no cohibirse por miedo a que te etiqueten de una forma concreta. Las mujeres de hoy lo saben y aprenden a llevar un estilo de vida libre, sin ataduras, con la tranquilidad de hacer lo que quieren y sin la preocupación de si los demás la van a juzgar o no. La sociedad actual comprende que tanto hombres como mujeres tienen derecho a una vida sexual plena, divertida, que emocione y que se lleve como quiera, sin juzgar, siempre con respeto y con el valor de vivir la vida que uno quiere de la forma que más le apetece.

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