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¿Se puede practicar sexo durante el embarazo?

En pleno siglo XXI, hablar de relaciones sexuales durante el embarazo todavía es un tema tabú y está lleno de falsos mitos. Durante la penetración, algunos hombres tienen miedo de hacer daño al bebé dentro de la tripa o afectar, de alguna manera, a su formación. Muchas mujeres embarazadas se reprimen el aumento de deseo sexual -causado por los cambios hormonales especialmente en el segundo trimestre- pensando que les pasa algo malo y poco habitual. Cada persona es un mundo y cada pareja también, pero hay que tener claro que la intimidad sexual es una parte normal y saludable de una relación afectiva y que tiene que seguir así -mientras el médico no diga el contrario- durante cualquier embarazo de bajo riesgo.

La sexualidad es muchas cosas más allá de la penetración: es un estado fisiológico y no es doloroso ni perjudicial. Se trata de un tema del que se habla poco, tanto entre los profesionales de la salud como entre las parejas. Por eso, lo mejor es consultar todas las dudas al ginecólogo o a la comadrona que lleva el seguimiento del embarazo. De hecho, hay hombres que sienten una atracción especial por las mujeres embarazadas, como a quien le gustan las pelirrojas o las mujeres con tatuajes.

Los especialistas reconocen que cada mujer es un caso, pero suele coincidir que en el primer trimestre de embarazo hay una disminución del deseo sexual porque la mujer se está acostumbrando a la nueva situación y puede tener náuseas, cansancio y malestar. En el segundo trimestre, el deseo sexual suele aumentar con los cambios hormonales porque el embarazo ya está consolidado y coincide que hay más flujo sanguíneo que se dirige al área pélvica y que puede aumentar la capacidad de tener un orgasmo. Sin embargo, en el tercer trimestre, cuando se acerca la fecha del parto, el deseo vuelve a bajar. Según los estudios, a las 36 semanas de embarazo el 72% de las embarazadas tienen relaciones sexuales menos de una vez a la semana. De este porcentaje, un 60% de las mujeres reconocen la disminución por falta de deseo y un 48% argumentan que tienen menos sexo porque tienen miedo a perjudicar el embarazo.

Sea como fuere, tiene que quedar claro que el bebé está bien protegido y en un estado ingrávido dentro del líquido amniótico en la matriz de la madre, y reforzado por las paredes del abdomen. El sexo durante el embarazo permite que los bebés se oxigenen más gracias al aumento de riego sanguíneo durante el coito y un agradable balanceo dentro del útero. Puede ser un placer durante los nueve meses de la gestación. Las posturas se tienen que ir adaptando al crecimiento de la barriga y a la comodidad de la madre: a cuatro patas, de lado, ella encima y él debajo… Se tiene que tener en cuenta que los pechos están creciendo y que se vuelven muy sensibles. Es una zona delicada en la que incluso las caricias pueden molestar. Cuando hay un orgasmo, el bebé vive en un baño de endorfinas y con la actividad de la madre se siente mecido.

A pesar de que siempre se tienen que seguir los consejos personalizados del médico o la comadrona, hay algunas circunstancias en que el sexo puede ser peligroso en algunos meses de la gestación o durante todo el embarazo. Si hay antecedentes o riesgo de aborto espontáneo o parto prematuro, sangrado, pérdida de líquido amniótico o rotura de la bolsa, placenta previa (está baja y cubre el cuello uterino), cuello uterino incompetente (cuando está débil y se abre demasiado temprano), si hay una infección de transmisión sexual o es un embarazo de alto riesgo, entre otros, hay que ir con especial cuidado.

Y todavía más, cuando el embarazo está a punto de llegar al final, un coito con penetración y orgasmo puede dar un empujón al trabajo del nacimiento. El sexo puede facilitar que lleguen las contracciones. A pesar de que no hay ningún estudio científico que lo avale, coinciden dos mecanismos: el semen tiene prostaglandinas, que ayudan a ablandar el cuello de la matriz, y si la mujer tiene un orgasmo, genera oxitocina y se desencadenan las contracciones. Estos dos hechos pueden desencadenar el parto.

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